Auxiliadora Coronada

Manuel Sánchez: “Yo seré tu Auxiliadora”

Manuel Sánchez: “Yo seré tu Auxiliadora”

La promesa realizada por la Virgen a san Juan Bosco, puedo dar testimonio que se ha cumplido en mi vida sacerdotal. Si miro las líneas que han conducido mi historia descubro que la Virgen ha sido la estrella que ha guiado mi sacerdocio, mi vida entera, desde niño, y en particular la Auxiliadora de la Trinidad tiene una importancia en el discernimiento vocacional que realicé -sin ni siquiera saberlo- durante mi adolescencia. Ella fue testigo de mis confesiones con D. Rafael Mata al que acudía de adolescente porque ya era demasiado crecido para contarle mis cosas a mi párroco. Allí admiré y me recreé en su serena belleza. Ante ella me ofrecí a Dios en cuerpo y alma con la tranquilidad que cuidaba mi corazón y rogaba a Dios por mí.

La belleza de la Auxiliadora de la Trinidad siempre me ha cautivado, por más alta que estuviera, la dulzura de su mirada entreabierta, el movimiento de su cuerpo, su eterna juventud y lo estilizado de su figura generaron en mí un atractivo de admiración y de imitación. Cuando la miraba solo surgía en mí un sentimiento: es perfecta. Recuerdo con la claridad del corazón enamorado los primeros años de la bajada de la Virgen, aquella pasarela tan rudimentaria, pero que causaba en nosotros tanta admiración mientras la Virgen descendía de tan grande altura entre cantos del pueblo y las oraciones de los salesianos.

Durante los años de seminario y los treinta y uno de sacerdocio he vivido muchos mares tempestuosos más la Virgen siempre me guio a puerto, y en las luchas, que no han sido pocas ha sido consuelo de mi alma, por eso aún sigo rendido a sus plantas, como un niño, como desde niño.

En estos años he tenido la alegría de predicar en muchos lugares, pero este de la Trinidad, predicar al corazón de la Auxiliadora de la Trinidad es volver a los paisajes de mi infancia, a los paisajes del alma -que decía Ortega y Gasset- esos paisajes donde vuelven los rostros de las personas amadas, los corazones de aquellos con los que compartí y comparto la vida… es una alegría estar junto a María Auxiliadora en la Trinidad.

En estos días volveré, junto con todos los devotos de María Auxiliadora, a recorrer los caminos de la vida y de la fe. Les invitaré a mirar a la Auxiliadora, para comenzar, para refundar todo, para que todo cobre sentido, para que el camino de nuestra vida esté abierto al Espíritu Santo y se hagan obras grandes en nosotros. Ustedes tendrán la suerte de mirarla, yo el honor de ser mirado por ella. Miraremos a la Auxiliadora, como Don Bosco, con el mismo amor, con las mismas ganas, con la misma disponibilidad. Miraremos a la Auxiliadora para aprender a orar, a discernir, a escuchar, a estar disponibles… para ser otros don Boscos.

Para ser otros don Boscos miraremos en estos días a la Virgen, ella como siempre, en todo momento y en toda circunstancia en la que nos hallemos será… nuestra Auxilidadora.