Carlos García Mora: “Ella lo ha hecho todo”
Mi relación con María Auxiliadora viene de familia. Mi abuelo materno fue uno de los primeros alumnos de la formación profesional de la casa salesiana de Puertollano, mi ciudad natal. Tras su joven fallecimiento siendo mi madre aún muy pequeña, sus abuelos seguían llevando a mi madre a rezar ante la Virgen que tanto cariño tenía su padre, en la que encontraban auxilio. Años más tarde, María Auxiliadora cumplió la vocación docente de mi madre ofreciéndole la oportunidad de unirse al claustro del colegio en el que estudió su padre y, más adelante, sus hijos.
Así, desde el primer día, siento que Ella “me escogió como un juguete en la palma de su mano”. La etapa del colegio es en la que más contacto directo tenemos con la Virgen, está presente en los patios y en las aulas, le rezamos al empezar cada día, la intensidad del mes de mayo, etc. Es por ello por lo que en cierto modo, me provocaba más seguridad el hecho de que Ella estaba ahí en todo momento.
En la etapa universitaria me mudé a Ciudad Real, donde también hay una casa salesiana a la que solía ir con frecuencia a rezar a María Auxiliadora ya que no estaba presente en el día a día como en la etapa anterior. Alguno de los días, me encontraba a un profesor de la carrera rezando también. Éramos tantos que yo pasaba desapercibido y nunca hablé con él allí. Años después, cuando elegí el proyecto para terminar la ingeniería, el profesor que me asignaron fue él, devoto también de María Auxiliadora. Gracias a este profesor pude poner la guinda a la carrera de una forma excepcional.
Terminada la carrera llegó el momento de elegir dónde estudiar el máster, y de entre varias opciones elegí mudarme a Sevilla, ciudad que cambió mi vida. Cuando llegué, conocía poco más que a algún amigo de mi tierra que también estudió allí y a María Auxiliadora. Yo vivía en la calle León XIII, muy cerca de la casa de la Trinidad, por lo que era el lugar que yo frecuentaba para ir a rezarle. En las fechas señaladas del calendario salesiano, siempre veía mucho movimiento de gente joven en torno a la Virgen, mucho más que en mi tierra, y como estaba acostumbrado a vivir la devoción a la Virgen de forma colectiva y en un ambiente salesiano, sentía la necesidad ser parte de ello, pero mi timidez al no conocer a nadie me lo impidió los primeros meses. Fue en el primer mes de mayo que viví en Sevilla cuando me hice miembro de la Archicofradía y, aun sin conocer a nadie más que a la Virgen, me incluyeron desde el primer momento en el grupo joven (un grupo de grandísimas personas a los que tengo mucho cariño) como uno más, haciéndome partícipe de todo y haciéndome sentir aún más cerca de María Auxiliadora, pues no hay nada comparado a cómo se vive el mes de mayo en esta casa, el sentimiento que produce, el trabajo que conlleva y el trato de la gente.
De forma paralela, cuando llegué a Sevilla, empecé a buscar trabajo, uno que me permitiera compaginar el estudio del máster. Después de llamar a muchas puertas, una empresa decidió darme mi primera oportunidad. Durante los primeros días allí descubrí que mis jefes fueron también antiguos alumnos salesianos e incluso, en la oficina tenían un pequeño busto de la imagen de María Auxiliadora de su casa salesiana, otra señal de que Ella había tenido algo que ver. Igual que en la carrera, en el máster tuve que elegir al director de mi proyecto, en este caso fue un profesor con el que cogí tanta confianza que hablaba directamente por WhatsApp con él. En mi foto de perfil siempre tengo alguna foto mía con la
Virgen, de tal modo que hablando un día me paró y me preguntó que por qué la tenía, pues sus hijas eran alumnas salesianas también, otra vez la Virgen. Este profesor me guió tan bien, que terminé el máster de la mejor forma posible.
Y llegaron los 24 años, sin duda una edad especial, y así lo fue. Al poco tiempo de cumplir esta edad y en una convivencia de la archicofradía reunidos en nombre de la Virgen, conocí a mi novia, una chica maravillosa a la que quiero y admiro profundamente. Meses después, ya en 2024, un 24 de enero me llegó una oferta de trabajo de una empresa líder en el sector ferroviario, el cual había sido mi objetivo desde pequeño, y en mayo de ese mismo año me contrataron; fui costalero por primera vez en la semana santa de Sevilla, entré en la cuadrilla de costaleros de Don Bosco… Sin duda, un año muy especial.
Estos son solo unos ejemplos de cómo Ella me ha ido guiando en mi vida, haciéndome ver que estaba a mi lado en todo momento, dándome fuerza, seguridad y las oportunidades para recorrer el camino que Ella tiene pensado para mí. Tal vez hay muchos momentos en los que no encontramos el por qué o pensamos que no estamos yendo por el camino correcto, pero solo hay que confiar en María Auxiliadora y en sus tiempos. Sólo hay que ponerse en sus manos, trabajar por aquello que le rezamos y saber ver qué es lo que quiere de nosotros.
Ella se hace presente hasta en los detalles más pequeños, tanto es así que por motivos laborales me encuentro escribiendo estas líneas desde Copenhague, donde llevo unos meses viviendo. En Dinamarca no hay casas salesianas, ni siquiera la religión católica es la predominante, apenas hay unas pocas iglesias católicas, pero encontré una pastoral hispana que organiza eucaristías en castellano, en las que participo con frecuencia. En esta Iglesia sólo hay un cuadro de la Virgen. Este cuadro la representa vestida de rosa claro, cubierta con un manto azul celeste y con su hijo en brazos, ¿no os recuerda a María Auxiliadora? Ella siempre se hace presente. Ella, lo ha hecho todo.
Carlos García Mora En Copenhague, a 5 de Marzo de 2026





