En mayo, la Virgen vuelve a llamarte. ¡Escúchala!
Un año más, casi sin darnos cuenta, el calendario avanza y el tiempo nos conduce de nuevo hacia el mes que el corazón reconoce como propio. Mayo se aproxima con la suavidad de la primavera ya asentada, con tardes más largas, con el bullicio de los patios y con esa sensación tan nuestra de que algo grande está a punto de suceder. Porque cuando mayo llega, María Auxiliadora vuelve a ocupar el centro de nuestra vida.
Este nuevo mes de mayo, llega como una invitación a detenernos, a contemplar con calma el camino recorrido y a renovar el compromiso que, año tras año, sostiene a esta Archicofradía. Es momento de mirar atrás con gratitud y adelante con esperanza. Gratitud por todo lo vivido, por los que nos precedieron y siguen acompañándonos desde el cielo, sosteniendo con su oración silenciosa cada paso de esta corporación. Su legado, su entrega y su amor a la Auxiliadora continúan siendo cimiento firme sobre el que se edifica nuestro presente. Esperanza renovada en una comunidad que sigue caminando unida, con ilusión, con trabajo constante y con la certeza de que la devoción a María Auxiliadora no es solo tradición, sino compromiso diario con el Evangelio y con los más necesitados.
Su legado, su entrega y su amor a la Auxiliadora continúan siendo cimiento firme sobre el que se edifica nuestro presente.
Mayo es, para nuestra casa, un tiempo distinto. No es un mes más del calendario; es el mes en el que la vida se intensifica, en el que los corazones laten al ritmo de una devoción que se renueva. La Archicofradía se transforma en un auténtico hogar mariano donde cada detalle cuenta: los altares que se levantan con esmero, los preparativos que llenan las tardes, la plata que vuelve a brillar y las oraciones como cantos confiados a los pies de la Auxiliadora. Es el mes en el que la Virgen baja para encontrarse con su pueblo, para mirarnos de frente y recordarnos que nunca caminamos solos. Ella, Madre cercana y Auxilio permanente, vuelve a salir a nuestro encuentro para repartir consuelo, fe y esperanza a cuantos la buscan.
Es en estos días, sale de su camarín para encontrarse con su pueblo. La vemos cercana, sonriente, maternal, dispuesta a escuchar cada súplica y a acoger cada lágrima. Ella, Auxilio de los Cristianos, vuelve a tender su mano para sostenernos en nuestras dificultades y para recordarnos que, incluso en los momentos de incertidumbre, nunca estamos solos. Su presencia es consuelo para los enfermos, esperanza para los que sufren y guía para quienes buscan sentido en su caminar diario.
Nuestra Archicofradía vive este mes con especial intensidad, sabiendo que la devoción a María no se limita a unos días concretos, sino que se hace vida durante todo el año. Cada persona que colabora, que sirve, que reza o que participa en la vida de la casa contribuye a mantener viva una obra que es, ante todo, testimonio de fe y caridad. Siguiendo el espíritu de Don Bosco, aprendemos de María a mirar a los más necesitados, a abrir las puertas y a ofrecer cercanía, ayuda y esperanza.
Que este nuevo mes de mayo nos ayude a detener el ritmo, a contemplar y a reconocer a la Auxiliadora en cada niño, en cada anciano, en cada enfermo y en cada persona que sufre. Que sepamos vivir estos días con el corazón abierto, dejando que la Madre de los Salesianos nos guíe y nos sostenga en el camino.
Ya llega mayo. Ya vuelve María. Y una vez más, nos espera con los brazos abiertos, acércate a Ella y refúgiate bajo su manto de Esperanza.
¡Feliz mes de mayo! ¡Feliz mes de María Auxiliadora!





