Porque la devoción a María no nace solo de una enseñanza, que es necesaria, sino de una experiencia afectiva. De sentir que hay una Madre, la Auxiliadora. De percibir que uno no camina solo.
Porque la devoción a María no nace solo de una enseñanza, que es necesaria, sino de una experiencia afectiva. De sentir que hay una Madre, la Auxiliadora. De percibir que uno no camina solo.